Masonería en Sevilla

Ocho minutos, 46 segundos

Minuto 1. Mi nombre es Jorge, hoy por cosas del destino, me encuentro con la mejilla izquierda besando inintencionadamente el asfalto de esta ciudad. Me siento atrapado e inmovilizado, una fuerte presión se ejerce en mi cuello y en mi pecho.

No me sentía así desde que aquel matoncillo de la escuela primaria me quitó los centavos que llevaba en el bolsillo para el desayuno. En aquella ocasión, siendo bien joven, no solo perdí eso. Fue el primer día en el que entendí que debía luchar para mantener y conseguir lo que quería, a veces, honestamente, otras no tanto.

Minuto 2. Una breve bocanada de aire entra en mis pulmones. Es algo que quizás haya hecho millones de veces en mi vida, pero hoy, amigo, en este momento, ese aire me sabe a gloria. Incluso el aroma de ese río legendario que atraviesa mi ciudad con su característico olor me resulta en este caso enormemente reconfortante. Qué buenas tardes pasé con mis amigos de la infancia tratando de pescar con nuestra caña improvisada en lo muelles de la zona industrial.

Minuto 3. Necesito más aire, esta sensación me recuerda al día en el que tuve que atravesar el barrio sur con mi bicicleta de segunda mano. Los ojos de aquella chiquilla de 16 años y piel de ébano bien valían el esfuerzo y el riesgo. En aquel callejón después de la avenida principal, me esperaban los de la banda del puerto.

Tuve que darle fuerte a los pedales para salir ileso y con mi recién estrenada y oxidada bicicleta. El beso de ella en mi mejilla me hizo volver a respirar normalmente después del sprint de esa escapada en solitario.

Minuto 4. ¿Por qué me encuentro así en estos momentos? No tuve una vida fácil, imagino que no más fácil que otros del barrio. Viviendo en una comunidad como en la que he vivido lo fácil es hacer las cosas fáciles. Solo unos poco contados y que aún recuerdo, tuvieron la fortaleza de seguir estudiando y formarse, encontrar un trabajo cualquiera de mientras y luego prosperar como el 70 % de la población.

Sí, elegí lo fácil, aunque a veces, muchas veces, ha resultado mucho más difícil.

Minuto 5. A veces se toman decisiones en la vida que no son lo mas acertadas. Si, es posible que me viera envuelto algunas veces en algún que otro asunto turbio y no demasiado legal. Vale, lo acepto, pero hace un año que me mudé a esta ciudad para empezar de cero. Todo el mundo se merece una segunda oportunidad, un reset, una posibilidad para reconducir tu vida y en este caso, intentar hacerlo mejor.

No diré que he sido un santo, no es así, ¿pero, lo has sido tú? Hice muchas cosas mal pero también hice algunas bien e hicieron feliz a alguien.

Minuto 6. Otra bocanada esta vez entrecortada llega a mis pulmones. No sé cuanto durará esto. ¿Sabes? Mi segundo trabajo después de llegar a esta ciudad fue como vigilante de seguridad en un pub Conga Latina, a las afueras de los suburbios. Mi trabajo era mantener un relativo orden dentro del pub. Mi intervención era necesaria un par de veces por semana, era un lugar concurrido, pero relativamente tranquilo.

La última vez que tuve que sacar a alguien de allí fue a un pobre diablo que se puso demasiado cariñoso con María la cajera. Un par de empellones, una mirada fija y mis casi dos metros de altura fueron suficientes para que el personajillo en cuestión dejara de molestar y se fuera.

Minuto 7. Fui diagnosticado con el Covid-19 a finales de marzo. Y aunque en el peor de los días tuve graves inconvenientes y problemas para respirar finalmente duró poco y comencé a respirar como siempre. Es un poco irónico que el bicho no me matara cerrando mis pulmones y que ahora me vea en estas.

Minuto 8. Necesito respirar, no puedo más. No sé cuánto durará esta presión en mi nuca. Ayer mismo estuve con mi princesa en el parque Lyndale Park. A ella le encanta correr, subir a los árboles y que la empuje en el columpio bien alto. Gianna es muy inteligente y trabajadora, ella tendrá más suerte que yo en esta vida. Haré lo que sea necesario para que así sea.

Segundo 46. Me llamo George Floyd, vivo en Minneapolis, tengo 46 años y una preciosa niña a la que quiero volver a ver hoy. Creo que no lo lograré, pero ¿sabes algo? Te perdono.

Tú solo cumples procedimientos, yo solo esperaba un micro atisbo de humanidad.

Tan solo espero que esto sirva para cambiar algo.

¡No puedo respirar!, adiós…

George Floyd
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